ALBERTO ARANGUIBEL B.
Tomado de:http://www.ciudadccs.org.ve/
10/06/2010
La base filosófica de la llamada empresa privada es la ganancia. Nadie monta un negocio para perder, reza el dicho popular. Porque su aspiración, de acuerdo a la lógica de acumulación del capital, es obtener más con el menor esfuerzo.
Pero, de acuerdo a los postulados del capitalismo, la forma más rápida y segura de obtener mayor beneficio con el producto que se fabrique en una empresa cualquiera, es que en la misma no haya muchos dueños. Si los hubiese los beneficios tendrían que repartirse entre todos ellos, con lo cual la ganancia del capitalista sería menor, y eso no es precisamente lo que el empresario privado quiere porque, de ser así, sería socialista. De ahí el término “privada”; se priva a la sociedad de esa propiedad.
Que quien corre el riesgo y asume la responsabilidad de invertir es el capitalista, es una verdad a medias. Porque el riesgo del capital se elimina con el trabajo productivo de la fábrica, que permite recuperar la inversión en corto tiempo y hace que la viabilidad operativa de la empresa recaiga en definitiva sobre los hombros del trabajador.
Es el carácter salvaje del capitalismo, que denomina desarrollo únicamente al crecimiento del capital privado sin importar para nada el hambre y la miseria del pueblo.
La diferencia entre la llamada empresa privada y el gobierno de un país cualquiera, es que el gobierno puede ser electo por el pueblo, mientras que al empresario privado no lo elige nadie, aun cuando su desempeño afecta de manera tan decisiva la calidad de vida de la sociedad entera, como cuando incrementa a su buen saber y entender los precios de las mercancías, o simplemente las esconde para buscar que suban los precios y así obtener mayores ganancias.
Elegir es la mejor manera de asegurar bienestar a la población. Pero elegir con acierto significa elegir a quienes defiendan al trabajador no a quienes lo exploten.
Seccion: Voces